miércoles 25 de noviembre de 2009

Vida de crustáceo



Cuando era pequeña leía aquellos libros de “Elije tu propia aventura”, donde de la decisión que tomaras y la tirada de un dado determinaban el final de la historia. De ti dependía acabar feliz comiendo perdices o encerrada en una mazmorra para toda la eternidad.

Recuerdo lo que me costaba decidir algo, o tirar el puto dado, realmente pesaba que la vida me iba en ello.

Con los años esto me dejó como reminiscencia creer que la vida pesaba mucho, y que te la jugabas a cada minuto. Todo había que meditarlo mucho, no fueras a acabar mal, que luego no hay tiempo para rectificar. Siempre caminando hacia algún objetivo, aunque éste fuera peregrino.

Ahora creo que ya no quiero ir a ningún sito, y desde luego sé que no me gustan las perdices, me repiten.
Vivo todo a demasiada distancia, hago cosas pero casi nada tiene importancia, nada va conmigo.

Soy un bogavante en la cetárea de una marisquería de tercera, veo la vida pasar el cristal.
Tal vez algún día acabe aliñando el arroz de algún glotón.

Cosa nuestra



Me compré el traje de mil rayas, el sombrero siciliano y la metralleta de tambor e incluso había buscado en el catalogo de Media Mark para intentar “hacer una oferta que nadie pudiera rechazar.
No se me daba bien extorsionar, pero con el tiempo aprendí lo efectivo que era susurrar al oído un dato sobre tus hijos que fuera verdad “¡Ay que ver, lo bien que se lo pasa el pequeño Kevin en los columpios de la 35º con la 9º! ”

Cualquier cosa que me hiciera sentir uno de los vuestros, y lo conseguí, al fin La Familia respondía por mí.
Mis ansias gregarias estaban colmadas, con vosotros me sentía poderoso, era uno más.

Pero de repente me entró mucha inseguridad ¿Cómo ocultar mi condición de soplón? Hiciera lo que hiciera ibais a notar que no era como vosotros, que no era de fiar.

¿Cómo esconder algo que se ve? No tiene ningún sentido, es como querer camuflar un furgón blindado tras un carrito de helados.

Por eso el día de la redada, me puse mis mejores galas, afeitándome a navaja, frente al espejo, pensé que la ocasión merecía una corbata.
Sin dudarlo me rebané el cuello de lado a lado. ¡Qué mejor manera de engalanar a un soplón, que con una tersa y suave “corbata colombiana”.

jueves 19 de noviembre de 2009

Nudo corredizo



Con el Alakrana aún oliendo a ron, patas de palo y Kalashnicov. Me acordé del inefable Bartolin, ese concejal del PP de La Carolina (Jaén) que se fingió secuestrado por ETA para tener sus merecidos quince minutos de gloría.

El Autosecuestro no me parece nada desdeñable, y puedo asegurar que no es el afán de gloria lo que me mueve…
Ya he redactado la nota, e incluso he mandado el comunicado a los medios pero no he pedido rescate. Yo no lo pienso pagar, no merece la pena… una oreja tampoco me voy a cortar. ¿Quién sabe? A lo mejor algún día me quiero liberar, y las gafas con una sola oreja se sujetan fatal.

Ahora de momento en mi zulo me voy a quedar, ni a mi vida, ni a mi gente le tengo nada que aportar. Algo de víveres y un tocadiscos es todo lo que necesito para salir vivo de este sitio, si no vivo mínimamente reconstruido.

Sólo espero, que para cuando termine mi cautiverio te sepa volver a encontrar y me puedas perdonar.



Sabias palabras del pasado para un sentimiento demasiado cotidiano.

jueves 12 de noviembre de 2009

La bajaremos juntos


En era de la navegación por satélite, y tú yo no podemos estar más perdidos.

Cuando dentro de ti ya no queda nada, no hay otra que buscar un sitio donde centrar la mirada. Cuando a ti y a mí nos cegaba la basura, seguimos el rastro de nuestra propia inmundicia, llegamos a unos contenedores.

Puto cambio climático, azul, verde ó amarillo, plástico, papel ó vidrio. Como cubiletes de trilero, cada cual tiene su sito.

Pero no sólo había esos tres, hubo otro que tú y yo supimos ver. Era rojo, era bonito, en letra negra de plantilla se podía leer: “Contenedor de ilusiones” Era lo que tú y yo necesitábamos para continuar, algo a lo que poderlo fiar.

Cuidado, es peligro depositarlo todo allí… aunque presiento que nos va a salir, amigo.

miércoles 11 de noviembre de 2009

Cortadme la entrada


La película tenía muy mala pinta, ya en la primera secuencia todo se torció, no te moriste como sugería el guión.

Desde el principio decidiste ir por libre. De una manera inconsciente y arrogante dijiste: ¡Quita, esto ya lo escribo yo!

Entonces ahora, que ya está claro, que la película no va a ningún sitio, porque has
querido hacer una superproducción de villanos y héroes con el presupuesto de video de bautizo… ¡Ay Dios! ¿Cómo hago para tapar tanto patetismo?

No eches la culpa a tu personaje, no fue un error de casting, no fue que la chica no quiso besarte… Tienes lo que has escrito ¿Qué pasa? ¿No te parece bonito?
Pues ponle el “The End, my friend” ¡No más metraje, por favor!

Y no me vale que digas, que es que ya se ha muerto medio elenco a tu alrededor. En las películas de Tarantino muere hasta el apuntador.

Eso sí, cuando lleguen los créditos, no olvides el extenso capítulo de agradecimientos, toda esa gente desinteresada, que intentó darle sentido a tu marcianada,

lunes 9 de noviembre de 2009

Kamikazes de dirección contraria


Fuimos los reyes de la conveniencia y no veas lo bien que me vino. Una vez más, un día negro, muy negro, aderezado con un puñado de flores arrojadas contra el suelo, como él. Se fue coloreando poco a poco, desde que te vi llegar, para terminar siendo un vistoso grafiti en la pared de un palacio ducal.
Queda raro, sí, pero a mí me parece una preciosidad.

Ya sé que tú eres mucho más que la caja de “Cariocas” de un empalagoso niño ciclotímico.

Ya sé que desde el principio sabias que íbamos en direcciones contrarias, y así me lo hiciste patente, fui yo el único que se hizo ilusiones de que al menos después de chocar, al menos por un rato, compartiríamos collarín.

Era absurdo, lo sé pero yo aún no consigo olvidar tus ojo, en el momento de la colisión y aunque llevemos una eternidad en rehabilitación y buscando los empastes por el arcén… Yo lo volvería a hacer, estrellarme contigo sólo me ha traído felicidad.

jueves 29 de octubre de 2009

La copa del Rey



Vaya por delante, que ni me gusta el fútbol ni me voy putas con Juan Carlos I. No es propio de una señorita.

Pero a veces se da, que el de segunda se come al de primera y eso toda una lección para los que nos sabemos de tercera, porque seguramente, la vida no sea cuestión de ligas, ni de divisiones de honor.

Tú juegas dejándote en el campo todo lo que tienes… quizá lo tuyo no sean las “chilenas” ¿Pero qué más da? Tal vez no sea cuestión de poder hacer florituras… seguramente Woody Allen tenga razón, y todo se reduzca a “Si la cosa funciona.”
Si la cosa funciona, no hay rival pequeño ni portería inalcazable.