
En la soledad de tu tejado, sorteando goteras, la luna parece inalcanzable y los rasguños de la contienda mucho más profundos.
Todo maullido por desgarrador que resulte parece precipitarse sordo, al vacio.
Tú creías que allí abajo ya no había nadie, a la cantinela de animal herido sólo le pegan tristes tonadillas.
Pero en esa casa siempre te espera tu vaso de leche, tu lata de Wiskas y sobretodo tu gente, la que siempre estuvo ahí… dispuesta a hacerte más agradable la vida.

La lotería toca pocas veces a la misma persona, a menos que seas Sito Miñanco y tengas la extraña manía de comprar boletos premiados.
Es una cuestión de estadística, si te toca la primitiva del jueves hay muy pocas probabilidades de que aciertes la del sábado, por muy jugador que seas. Cosa distinta ocurre con la lotería vital, el Gordo de esa muchas vejeces es chungo, y te toca, y cuando crees que ya no te puede volver a tocar más… Pues va y te toca un segundo premio y la pedrea, y a los cuatro meses otro Gordo… Y tú dices: ¡Pero si yo no he jugado tanto!
- Sí amigo, sí, en ésta vida todos somos un poco ludópatas sin saberlo, siempre llevas en el bolsillo el “Cuponazo del sufrimiento, nunca sabes cuando te va tocar.
Nos gustaría pensar que como la comida en tiempos de guerra, el sufrimiento también viniera racionado, o fuera cuestión de estadística. “Yo ya cubrí mi cupo, nada malo me puede pasar”
Ojala fuese así, pero si estás aquí juegas…
Siempre existe la opción de los niños pequeños, ¡Me enfado, ya no quiero jugar más! La emprendes a pedradas con una administración que no regenta nadie y te piras.
Pero es que así, lo que haces es repartir participaciones de tu décimo jodidamente premiando entre tu gente, y es mejor que cada juegue su número.
Así que sigamos, y como diría el calvo: “¡Qué la suerte nos acompañe!”

Después de un largo invierno contando ovejas a cientos, dando miles de vueltas. Enroscada en la sabana cual camisa de fuerza, sin encontrar ni la postura, ni la cordura. Fabricando ojeras sin parar, mientras suena de fondo el “Hablar por hablar”
He descubierto que ni Valeriana, ni gintonic, ni Soñodor… Lo único que necesito para dormir de un tirón es estar a tu lado y cogerte la mano.
Nada tiene que ver con confortables camas de amorosas sabanas blancas, ni siquiera con brisas de ventilador. Eres tú quien es capaz de convertir en paraíso cualquier habitación.

Los años tienen 365 días.
Los días tienen 24 horas.
Las horas tienen 60 minutos.
Los minutos 60 segundos.
Eso lo puedes aprender en el colegio o en “Barrio Sesamo”
¿Pero quién te enseña cúanto dura una vida? Una vida siempre dura poco, muy poco.
La gente vive con arreglo al tiempo del que dispone, sabiendo que curra 40 horas a la semana, que los bares cierran a las 3:30 de la mañana y las carnicerías a las 20:00 se organizan el día a día. Lo que no me dé tiempo hoy lo hago mañana.
El problema es que para venir aquí nadie firma convenio, el despido siempre es improcedente. Y ya no hay mañana, tú te has ido y ni siquiera te he dicho adiós amigo.
Es ahora, y sólo ahora cuando miles de palabras me queman en la garganta y me oprimen el corazón. No sé si tú sabes lo mucho que te quiero ¡cabrón!
Y aquí me quedo, asumiendo mi infinita capacidad de errar, de hacer las cosas mal. Toda la vida queriendo darle a la moviola para atrás con millones de cosas por cambiar y aún no he encontrado el “rewind”.
Y me da que la vida no se rebobina como los casetes, dándoles vueltas con un bolígrafo Bic, así que sólo nos queda intentar hacerlo bien a la primera. Aquí no hay segundas tomas, esto es de muy bajo presupuesto.
Y sobretodo que nada se nos quede en el tintero…. TE QUIERO

Los buitres y los cuervos comen despacito, disfrutando uno a uno cada bocado de suculenta carroña.
Por eso la desaceleración es el momento idóneo para despedazarte y llevarse en su pico parte de tus sueños e ilusiones. 
Pero no nos vamos a rendir, habrá que dar forma a otra buena idea. Tal vez se pudra al sol y sea pasto de los buitres pero, lo seguiremos intentando aunque sea al calor de la crisis.
El Alzheimer no afecta a la sonrisa. La sonrisa es un acto reflejo que sale casi solo. Prueba de ello es que constantemente nos reímos de chorradas.
Pero resulta que la risa no es nada cool. Lo intelectual y postmoderno es ser un triste, que consciente de su penuria vital, se deja emponzoñar por sus miserias entonando el “Pobre de mí” y jactándose de que las circunstancias le han hecho olvidar sonreír.
La sonrisa es un boomerang, tarde o temprano siempre vuelve y se rige por el principio de la usura: Cuanto más prestes más te devuelven.
Breve cursillo para recobrar la sonrisa:
LECCIÓN 1
LECCIÓN 2
Échale a él la culpa.
Hoy te has ido con amigas,
y sin que tú lo sepas me regalas
un tiempo de estar solo que ya empieza
a ser raro en mi vida, un tiempo útil
para intentar pensar en ti como si fueras
lo que siempre debiste seguir siendo
cuando pensaba en ti: aquella persona,
en todo semejante a cualquier otra,
que una noche tuvo el gesto
generoso y extraño de entregarme su amor.
Pero el amor nos cambia, nos convierte en espías
ridículos del otro, en implacables jueces
que condenan sin pruebas y comparten
sus estúpidas penas con el reo.
El amor nos confunde y trata ahora
de que vea en tu fiesta en una traición.
Por huir de esa trampa me amenazo
con los nombres que cuadran al que cae en su vacío:
egoísta, ridículo, inseguro, celoso...
Y como un ejercicio de humildad pienso en ti
divirtiéndote sola: te imagino bailando
y mirando a otros hombres;
al calor del alcohol
confiesas a una amiga algunas cosas
que te irritan de mí sin que yo lo sospeche,
y por unos instantes saboreas
una vida distinta que esta noche te tienta
porque eres humana, aunque no me haga gracia.
Ahora caigo en la cuenta de que dudas
como yo dudo a veces, y que también te aburres,
y que incluso algún día habrás soñado
follar como una loca con el tipo que anuncia
la colonia de moda.
Para calmarme un poco
tras la última idea, yo me digo
que el amor es un juego donde cuentan
mucho más los faroles que las cartas,
y procuro ponerme razonable,
pensar que es más hermoso que me quieras
porque existen las fiestas, y las dudas,
y los cuerpos de anuncio de colonia.
Lo que quiero que sepas es que entiendo
mejor de los que piensas ciertas cosas,
que soy tu semejante, que he pensado besarte
cuando llegues a casa; y que es el amor
-ese tipo grotesco y marrullero-
el que va a hacerte daño con palabras
absurdas de reproche cuando vuelvas,
porque ya estás tardando, mala puta.
Vicente Gallego. La plata de los días. Visor.1996. (Gana aún más leído por una bonita voz)
LECCIÒN 3
QUERER.

Ya es primavera en El Corte Inglés, hora de hacer los ombligos florecer… ¿Pero qué más da si el top es negro o amarillo? Si es tu primer vestido el que menos va contigo y de ese nadie te dio tique para devolverlo.
Con él has ido de bodas, bautizos y comuniones. No era el más fashion pero te importaba tres cojones, era tu traje aunque estuviera lleno de lamparones.
De un tiempo para acá te lo quieres cambiar: “Ay es que me queda fatal, es que no me favorece, con él nadie me va a querer”.
¿Qué coño te pasa? ¿Ahora te va la alta costura?
Pues te diré una cosa lo tuyo no hay sastre que lo arregle, a ti el único traje que te va a quedar como un guante es el de madera.
Así que tú eliges:
Vivir con remiendos o convetirte en un fashion victim aspirante a una metrosexualidad que nunca vas a alcanzar.
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